Cuando tu recién nacido contiene poder de dos dioses y te pregunta qué hacer con él, cada respuesta parental se siente inadecuada porque el manual fue escrito para berrinches, no omnipotencia.El cuerpo de Nexus brillaba con una intensidad que hacía daño mirarlo directamente. No era la luz cálida de un bebé durmiendo bajo el sol de la mañana. Era algo más antiguo, más terrible. Dos corrientes de poder batallaban dentro de su cuerpo diminuto: la oscuridad líquida de Aether y el resplandor plateado de Morgana, entrelazándose como serpientes en combate mortal.Mi hijo—nuestro hijo—temblaba en mis brazos. Su piel ardía con fiebre imposible. Cuando abrió los ojos, uno era completamente negro, el otro brillaba con luz blanca cegadora.—Mamá... duele.La voz era la de un bebé, aguda y frágil, pero las palabras pertenecía
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