CAPÍTULO — A la luz del amor
La cena la esperaba en silencio.
Carolina lo notó apenas cruzó la puerta del apartamento. No fue un perfume ni una música alta; fue otra cosa. La luz tibia de las velas repartidas por el living, el aroma suave de las hierbas que tanto le gustaban, la mesa preparada con un cuidado que no respondía a ninguna fecha marcada en el calendario.
Respondía a una decisión.
—¿Qué es todo esto? —preguntó, apoyando una mano sobre su panza de siete meses, redonda, firme, viva