La matemática no miente: un dragón no puede cargar siete vidas. Alguien tiene que quedarse.Kieran se alzaba ante ellos en su forma dracónica completa, las escamas negras brillando bajo la luz sobrenatural que aún emanaba de los restos de la fortaleza de hielo. Sus ojos dorados se movían entre los rostros de quienes debía salvar, calculando peso, distancia, supervivencia. El sonido de las criaturas de hielo acercándose resonaba como tambores de guerra en la planicie congelada.—Tres, máximo cuatro —gruñó, su voz dracónica reverberando en el pecho como trueno distante—. No más.Aria sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies. Siete personas. Ella, Cassian, el bebé Aeron, Daemon, Isabella, Seraphina y Ember. Las criaturas de hielo ya habían comenzado a emerger de las grietas abiertas en la tierra congelada, sus formas cristalinas reflejan
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