Las madres no nacen poderosas. Se vuelven imparables cuando les quitas lo que aman.La luz del amanecer se filtraba débilmente a través de las nubes cuando Aria emergió de la caverna, pero algo había cambiado en ella durante esas horas de oscuridad. Sus pasos resonaban con una autoridad que no había poseído antes, cada movimiento calculado y preciso como el de un depredador que ha encontrado su verdadera naturaleza.Cassian se incorporó de inmediato al verla, el alivio inundando su rostro. Corrió hacia ella con los brazos extendidos, pero Aria levantó una mano que lo detuvo en seco. Sus ojos, que una vez habían sido cálidos como miel dorada, ahora brillaban con una frialdad que helaba la sangre.—No hay tiempo para consuelo —dijo, su voz resonando con una autoridad que no había poseído horas antes—. Solo para acción.Kieran sintió el cambio a través de su vínculo, como si una puerta se hubiera cerrado en el alma de Aria. La dulzura que siempre había emanado de ella, esa compasión que l
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