FinnVarias horas felices después, volvimos a revisar a los niños e intentamos encontrar un lugar para dormir. Para mala suerte de Bennet, el sillón de la sala era todo lo que había. Aunque tampoco podía enojarse con nosotros: esa casa de la manada no estaba diseñada como la de Ryker en Luna Oscura, una mansión que albergaba a cien personas. A mí, en realidad, me gustaba mucho estar allí. Cada espacio se aprovechaba, nada se desperdiciaba ni sobraba. Me quedé dormido con Greta acurrucada entre mi cuerpo y el respaldo del sillón, pensando en todas sus preocupaciones respecto a los niños. Demonios, también eran las mías. Los lazos que teníamos con todos los niños, pero con Trinity en particular, no se parecían a nada que hubiera experimentado antes. Incluso de cachorro, cuando Nan me acogió, jamás sentí esa atracción hacia ella como la que sentía por esa pequeña. Me fui quedando dormido pensando en lo que quería de esa vida, ahora que por fin había conseguido lo único que siempre deseé
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