Hay decisiones que te persiguen años, y luego están las que te persiguen cada segundo restante de vida.Valentina Cortés sostenía a Hermann Jr. contra su pecho mientras el edificio gemía como una criatura moribunda. El niño lloraba con la cara enterrada en su cuello, sus pequeñas manos aferradas a su camisa con una desesperación que partía el alma. Cada segundo que permanecía con él era un segundo menos para Diego, para Sophie, para Isabella.Pero es mi hijo, gritaba algo primitivo en su interior. Mi bebé.Una enfermera pasó corriendo, arrastrando a dos pacientes en sillas de ruedas hacia la salida de emergencia. Valentina la interceptó, colocándose directamente en su camino con una determinación que rayaba en la violencia.—Llévalo afuera. ¡YA!La enfermera, una mujer de unos cuarenta años con el uniforme mancha
Leer más