Mundo ficciónIniciar sesiónSophie Chen tenía tres horas de vida según el médico nómada mongol, pero Valentina Cortés no aceptaba cronogramas de muerte, especialmente no después de todo lo que habían sobrevivido juntas.
La tienda olía a sangre, tierra y el humo acre de la lámpara de aceite que proyectaba sombras danzantes sobre las paredes de fieltro. El Doctor Bataar—sesenta años, manos curtidas como cuero viejo, entrenado en Moscú







