Es tanto el silencio entre ellos, que Franco jurar que escucha como cada piedra y hoja del camino cruje bajo sus pasos, pero al mismo tiempo, siente que todo lo demás queda suspendido, como si el mundo alrededor de él se redujera a la estrecha franja que separa su andar del de Siena. Los árboles que rodean el lago se extienden a su alrededor con la misma perfección de siempre, pero, aun cuando acaba de recorrerlo en compañía de Alexander, en ese momento se sienten como un escenario desconocido para él. Después de que Siena y su padre se acercaran a ellos, Alistair los invitó a unirse a su paseo, pero no pasó demasiado antes de que, junto a Alexander, adelantara sus pasos y lo dejará atrás, caminando casi a la par de Siena. En un principio, respetando la distancia que ella había comenzado a marcar en esa semana y media, solo comenzó a caminar sin mirarla. Sus ojos se posaron en el sendero, en los árboles, en el reflejo del sol sobre sobre las copas de estos, pero la realidad es que, tod
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