Mientras observa como Siena y Victoria se alejan de ellos, Franco permanece inmóvil durante unos segundos, con la mandíbula tensa y los hombros rígidos, es más que claro que está conteniéndose a sí mismo. Johanna, en cambio, trata de recomponerse lo más rápido que puede de la ira que las últimas palabras de la pelinegra generan en ella y aún cuando conserva la postura erguida y la sonrisa social, sus ojos revelan qué su rabia sigue latente.
Cuando ellas se encuentran a una distancia prudencial