Mientras recorre el camino hacia los vestidores, Franco ajusta sus audífonos y sube el volumen a todo lo que da, busca que la música lo ayude a calmar sus emociones, pero no es tan fácil, sus emociones están al límite y es imposible para él no sentir que todo es diferente a como mo sentía a primera hora. El ambiente es más pesado y todo lo que le rodea parece moverse más lento y aunque su paso sigue siendo viéndose tranquilo, ya no está esa ligereza en sus movimientos.Al entrar al campo, los gritos, bromas y risas quedan opacados por la música que se sigue filtrando en sus oídos, pero los gestos de felicidad de sus compañeros, lo hacen sentir un poco más irritado, sabe que ellos no tienen la culpa de nada y tienen todo el derecho de estar feliz, pero en ese momento su racionalidad no es algo que se encuentre totalmente funcional. En su paso hacia los vestidores, no tarda mucho en fijarse en los nuevos rostros que se encuentran en la cancha, al igual que saluda a un par de sus viejos
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