La puerta se cierra detrás de él con un golpe seco, un sonido que resonó en los pasillos vacíos del castillo como un eco de su propia decisión. Franco avanzó hasta la biblioteca con pasos pesados, arrastrando el peso de lo que acababa de escuchar. Las palabras de Helena todavía reverberaban en su cabeza, desgarrando silenciosamente todo aquello que había intentado enterrar. —Cobarde… egoísta… —susurra para sí mismo, apenas perceptible, como si mencionarlas en voz alta pudiera aliviar la culpa que lo devoraba, pero no es así, sabe que por más reproches que repita para si mismo, nada podra cambiar sus actos y las penas que estos provocaron—. ¿Cómo pude…? Cuando La biblioteca se sume en un silencio afiscxiante, roto únicamente por el crujido de la madera del suelo bajo sus pies. Franco se detuvo frente al escritorio de roble, aquel que tantas veces lo había visto concentrado en papeles, decisiones, estrategias… pero nunca vulnerable. Hoy, sin embargo, se sentía demasiado frágil para la
Leer más