Mientras el auto avanza por las rutas serpenteantes, la rubia no puede evitar mantener su mirada en el paisaje exterior. Afuera el manto blanco de la nieve sigue presente, menos grueso debido a que la nevada se ha detenido pero aún así, con la presencia suficiente como para mostrar un horizonte blanco hasta donde la mirada alcanza a extenderse.
Cuando topan con uno de los machos del camino, el auto da una ligera sacudida que saca la rubia de sus pensamientos.
—¿La señorita Siena le manda decir