Capítulo 42 El aire en la mansión estaba cargado, pesado, como si cada sombra, cada rincón, guardara secretos que aún no estaba lista para descubrir. Me senté en la sala privada, las manos apretadas sobre mis rodillas, mientras mi mente giraba en un torbellino de emociones encontradas. Dorian estaba allí, más cerca de lo que esperaba, y su presencia me desarmaba de maneras que no quería admitir. Él no dejaba de observarme con esa mezcla de diversión y cálculo, como si supiera exactamente lo que pasaba por mi cabeza, aunque yo intentaba aparentar calma. Su sonrisa ligera y la forma en que se movía con naturalidad por mi casa me irritaban y, a la vez, me atraían de manera perturbadora. Pero no podía permitirme ceder a eso; Roman dependía de mí para mantener su imperio intacto, aunque últimamente, me diera cuenta de que yo tamb
Leer más