Cinco años después de la búsqueda de la flor del sol negro, la mansión Cruz se había convertido en un referente de curación y justicia. El centro de investigación de Lila había lanzado el tratamiento contra enfermedades terminales, basado en el polen de la flor, y miles de vidas habían sido salvadas. La empresa de los Reyes, bajo la dirección de Roberto y Ana, operaba con transparencia, y el Pueblo del Alba florecía como un centro de estudios botánicos tradicionales. Lila y Elián tenían una hija pequeña, llamada Alba, que corría por el jardín, jugando con las flores moradas que habían sido el símbolo de su amor.Pero una tarde, mientras revisaba documentos antiguos en la biblioteca de los Reyes, Lila encontró una carta oculta entre las páginas de un libro. Era de su madre, María, escrita antes de morir: “Mi amor por ti nunca murió. Carlos me obligó a abandonarte, pero guardé un secreto: hay una última flor del abismo, plantada en el lugar donde te encontré tu abuelo adoptivo. Ella pro
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