Clarissa Townsend estaba de pie junto al amplio ventanal de su salón privado, con la vista fija en la finca que se extendía a sus pies. Desde esa altura, el mundo parecía ordenado, bajo control y del todo predecible, tal como a ella le gustaba.Su reflejo le devolvía la vista, elegante y tranquilo, sin rastro de la tensión que se había apoderado de la sala de juntas un rato antes. Pero sus ojos la delataban, agudos, alertas, calculando sin cesar.Tomó una copa de vino y dio un sorbo lento y deliberado. Mercy Townsend. El nombre quedó suspendido en su mente y no terminaba de disiparse. Una media sonrisa le asomó en los labios.—Así que así es como ocurre —dijo en voz baja.No lo había planeado ni esperado. Pero ahí estaba, de todos modos. Dejó la copa y tomó su celular. Contestaron al segundo timbre.—¿Estás sola? —preguntó. Tras una breve pausa, añadió—: Bien. —Su tono era parejo. Pero llevaba un filo de fondo que exigía atención—. Vi la situación personalmente. Es mucho más complicada
Leer más