—Sé cómo te sientes, Isla —comenzó Alfred despacio, con la voz cansada—. Pero te digo estas cosas porque eres la joven más extraordinaria que he conocido.Isla abrió mucho los ojos y contuvo la respiración. Todavía luchaba por digerir la revelación anterior, que Gabriel era su único nieto, ¿y ahora esto?La cabeza le daba vueltas. El corazón le golpeaba contra las costillas.Todo empezó a cobrar sentido. El cariño infinito hacia Gabriel, la atención especial, la forma en que siempre se ponía de su lado frente a los demás. No era solo afecto: era sangre. Sangre de verdad.Pero ¿cómo? ¿Cómo era posible si durante décadas todos creyeron que Wyatt y Landon eran hijos de John?Quería preguntar, presionarlo ya mismo, pero algo en su tono le decía que esperara. Cruzó las manos sobre el regazo y tragó con fuerza.—Por favor, continúe —susurró.Alfred asintió con la mirada pesada.—Wyatt y Landon no son mis nietos de verdad —dijo sin rodeos—. John tiene un solo hijo, el que tuvo con su primer a
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