Capítulo 50. La calma antes de la tormenta
LiamEl aire en la suite del hotel aún conservaba un ligero eco de la épica despedida de soltero en la playa, aunque ahora la euforia se había disipado por completo, dejando tras de sí una ansiedad tan espesa que se podía cortar con un cuchillo. Isaac caminaba de un lado a otro, trazando una línea invisible en la alfombra, con un nerviosismo casi tangible que amenazaba con contagiarme.—Es que no la veo desde ayer, Liam —murmuró por décima vez, con la mirada perdida en el horizonte a través del ventanal—. Esta tradición de no verse antes de la boda... me está matando. Siento que me falta el aire.Suspiré profundamente, intentando irradiar una calma profesional que, para ser honesto, no sentía del todo. Mi propio estómago tenía un nudo, aunque por una razón radicalmente diferente a la de mi mejor amigo. Ser el padrino era una tarea importante, sí, pero en ese momento se sentía secundaria, eclipsada por la pequeña caja de terciopelo que reposaba segura en el bolsillo interior de mi chaq
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