Capítulo 53. El peso de una promesa
LiamMe desperté antes de que el sol terminara de escalar el horizonte. Por un segundo, el silencio de mi habitación me desorientó, hasta que sentí el peso ligero de Isabel descansando contra mi costado. Entonces, todo regresó en una oleada de calidez: las glicinas, el temblor de mis manos, su "sí" rotundo y la celebración ruidosa de nuestros amigos.Me apoyé sobre un codo para observarla. Dormía con una serenidad absoluta, con un mechón de cabello oscuro cayendo sobre su mejilla. Pero lo que más me cautivó fue su mano izquierda, que descansaba cerca de su almohada. El anillo brillaba suavemente con la escasa luz del amanecer. Verlo allí, en su dedo, era la prueba física de que no lo había soñado.—Sé que me estás mirando, Liam —susurró ella sin abrir los ojos, con la voz ronca por el sueño y una sonrisa dibujándose en sus labios.—Es un vicio difícil de dejar —respondí, inclinándome para besar su frente—. Buenos días, prometida.Isabel abrió los ojos, que chispearon con una alegría r
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