El portón del galpón chirrió, rompiendo el pesado silencio del lugar.El sonido metálico resonó, cada crujido golpeando como un tambor en el pecho de Francine.Su corazón se disparó.Por un instante pensó que el tiempo se había acabado, que esos serían sus “48 segundos de fama” antes del final.La fuerte luz de la mañana invadió el galpón, y ella cerró los ojos instintivamente, parpadeando rápido, intentando ver a través del resplandor.Todo lo que distinguía era una silueta recortada contra la luz.Alta.Firme.Avanzando con pasos decididos.Y entonces, cuando su voz atravesó el aire, ella supo.—¡Francine!El aire finalmente regresó a sus pulmones.—Dorian… —la voz le salió en un susurro, quebrada entre alivio e incredulidad.Él corrió hacia ella, cruzando el galpón como si el mundo entero hubiera dejado de existir.Se arrodilló frente a la silla y, sin dudarlo, pasó las manos por su cuerpo, rápido, urgente, buscando heridas, marcas, cualquier señal de daño.—¿Estás herida? —pregunt
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