Por un segundo, el aire pareció desaparecer del lugar.
El silencio se volvió espeso, roto únicamente por el sonido rítmico y cruel de la cuenta regresiva.
—Este regalito —continuó Natan, con la voz cargada de burla— era para Francine. Un final dramático, digno de una estrella. Pero como el héroe vino a salvar a la damisela… pensé que sería justo regalártelo a ti en su lugar.
Dorian dio un paso al frente.
Sus ojos ardían.
—¿Dónde está el detonador?
—Por ahí —Natan sacudió el celular con diversió