El almuerzo había terminado. Santi miro a la abuela y le volvio a insistir, . . .-Ya almorzamos abuela, . . . ¡Llama ahora a papa!, yo espero aqui, . . . y el niño camino y se sento en el jardín, buscando aire, espacio… y quizás un poco de consuelo entre los árboles que conocía desde pequeño. En el comedor, el silencio era espeso.Alice tomo su celular y marco el numero de Vittorino, . . . ella con tono sombrio, cargado de urgencia emocional y un sentimiento dolorosos, actuaba como puente entre un padre y un hijo que se están perdiendo y eso le partía el corazón.Alice sostuvo el teléfono con firmeza, aunque por dentro sentía que las manos le temblaban. Había intentado apenas unos minutos llamar a Vittorino más veces de las que podía contar. Siempre el mismo resultado: buzón de voz, llamada rechazada, silencio.Volvió a marcar.Esta vez, la línea respondió.—¿Mamá? —la voz de Vittorino sonó cansada, distante, como si llegara desde otro mundo.Alice cerró los ojos un segundo antes de
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