—Por favor, trate de que la señora coma, está muy débil y acerquen al bebé a tomar pecho, debe estar hambriento —susurró apenada la enfermera—. Los dejo para que se pongan al día, cualquier cosa, estaré en el estar de enfermería. Ni siquiera me despedí de ella y dejé al niño a un lado de mi dulce flor. Camelia de inmediato liberó su pecho y lo acercó a la boca de nuestro bebé, habíamos acordado llamarle Miguelangelo y ahora se me hacía un nombre muy serio para él, así que preferí llamarlo con apodos, al menos por el momento. Desesperado, mi hijo buscó el pezón y comenzó a succionar, soltó y volvió a buscar. Camelia presionó su pecho y gotas de leche materna salieron, lo volvió a acercar y este se relamió, le gustó el sabor y eso lo
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