JaquelineCuando sonó el timbre y vi a las tres empleadas de la boutique de lujo, sonrientes y rodeadas de pilas de cajas, bolsas y percheros protegidos por fundas de tela fina, mi corazón vaciló. Las empleadas llenaron la sala con una variedad de empaques sofisticados. Las etiquetas no dejaban lugar a dudas: eran marcas de alta gama y piezas exclusivas.Me llevé las manos al rostro, sonriendo en shock, como una niña en una tienda de juguetes. *“Estoy en una película… no puede ser”*, pensé al ver a las mujeres ocupando toda la sala. Cada caja abierta era una nueva sorpresa: vestidos de fiesta, conjuntos casuales llenos de estilo, ropa deportiva, faldas fluidas, blusas delicadas de seda. Había bikinis de cortes modernos, lencería sofisticada, bolsos de cuero legítimo, gafas de sol, sombreros y una fila de calzado para todas las ocasiones imaginables.Con la ayuda de la empleada, improvisamos una especie de mini clóset en la habitación de invitados de al lado, y el resto lo acomodamos de
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