Estevão
Pedro me miró, luego a Malu y después a la puerta, pasándose las manos por el cabello.
—Tenemos que actuar rápido. Porque mira… si él abre esa puerta y los ve a ustedes dos en ese plan, creo que hoy ni necesito almorzar. Me voy a alimentar del caos.
—Así no ayudas, Pedro —resopló Malu, nerviosa.
Pedro corrió hacia nosotros como si estuviera apagando un incendio.
—¡Rápido! ¡Métete debajo del escritorio! —le ordenó a Malu, con los ojos muy abiertos y gesticulando frenéticamente.
—¿Qué? ¿E