Jaqueline
La conversación con Caio había aliviado parte de la tensión que sentía. Fue entonces cuando mi mirada distraída se deslizó por el espejo y se detuvo. La puerta del vestidor estaba entreabierta y, apoyado en el marco con una sonrisa sutil en la comisura de los labios, estaba Alexandre. El cabello aún húmedo, gotas de agua deslizándose por la piel de su pecho fuerte. Llevaba apenas una toalla blanca enrollada a la cintura. Su presencia ahí, silenciosa e intensa, me hizo perder el alient