JaquelineEstevão y Pedro se quedaron a cierta distancia, respetando aquel momento. A pesar del estado deplorable en el que se encontraba Alexandre, con el rostro apoyado y dormido sobre la barra, mi corazón empezó a tranquilizarse. Pedro se acercó e intentó llamarlo. Estevão, más dubitativo, se mantuvo a unos pasos de distancia, aunque visiblemente preocupado.—Alexandre… —lo llamé de nuevo—. Vamos a casa, mi amor.Él gruñó casi inaudible, palabras inconexas y arrastradas. Sus ojos intentaron abrirse, pero enseguida se cerraron otra vez. No lograba mantener la cabeza erguida. Estaba completamente ebrio, no solo de alcohol, sino de dolor.—Bebió mucho —dijo Pedro, dirigiéndose al barman.—Llegó ya muy afectado, pidió un trago… luego otro, hasta pedir la botella. No armó ningún escándalo, solo se quedó ahí… callado.Intenté llamarlo una vez más. Movió un poco la cabeza, abrió los ojos y murmuró:—Te amo, Jaqueline.Luego, con una risa baja y amarga, completó:—Me traicionaron… una vez
Leer más