El ruido de la ciudad me distrajo de mi lectura. Levanté la mirada hacia la calle bulliciosa y observé el pequeño accidente de dos autos que acababan de chocar frente a la cafetería. Los gritos no se hicieron esperar, atrayendo la atención del resto de los comensales.—No puedo creer la falta de educación de la gente —comentó Samara, colocando dos tazas de café sobre la mesita—. Oye, Fabricio quiere vernos esta noche. ¿Estás disponible?Asentí con una sonrisa.—Sí, me encantaría verlo. Todavía me siento culpable por lo que le pasó.—Amiga mía, no hablemos de cosas desagradables, por favor —se quejó Samara, haciendo un mohín— La clase de bacteriología es en una hora necesitamos apurarnos.—Vaya, tú preocupada por llegar a tiempo a clase. Me gusta, nunca creí que lo vería.Me miró con aburrimiento mientras tomaba un sorbo de su café.—Desde que regresaste de tu viaje andas muy sarcástica, Alina.Sonreí.—Lo siento. Creo que solo estoy feliz. Me hacía mucha falta retomar mi vida universi
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