[ALYA]La noche cae sobre la ciudad con una calma que contrasta demasiado con todo lo que llevamos dentro. Desde el ventanal del penthouse, Miami parece ajena a nosotros, como si no supiera nada de las decisiones, de las tensiones, de las guerras silenciosas que seguimos librando incluso cuando todo parece estar en orden. Las luces se extienden hasta donde alcanza la vista, cálidas, constantes, como una promesa de estabilidad que no siempre es real.Alya está sentada en el sofá, envuelta en una de mis camisas, con las piernas recogidas y una mano apoyada sobre su vientre. No está trabajando, no está mirando el teléfono, no está haciendo nada que implique sostener el mundo sobre sus hombros, y aun así, sé que su mente no se detiene. La conozco lo suficiente como para reconocer esa quietud que no es descanso, sino pensamiento contenido.Me acerco despacio, sin romper el silencio, y me siento a su lado. No hablo de inmediato. Paso un brazo por detrás de su espalda y la acerco con suavida
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