Había transcurrido un mes desde que la sangre de Max regó el suelo de aquella hacienda olvidada. Un mes en el que Sicilia, bajo el mando de los Lombardi, parecía haber entrado en un estado de gracia inusual. El verano se asentaba con fuerza sobre la isla, tiñendo los viñedos de un verde vibrante y haciendo que el aire oliera a salitre y a libertad. Sin embargo, en el mundo de la mafia, la paz nunca es un estado permanente, sino un espejismo que se disfruta con una mano en el gatillo.Alessandra se encontraba en su despacho privado, una habitación que Salvatore había remodelado para ella, fusionando la elegancia clásica con la seguridad tecnológica más avanzada. Frente a ella, una pantalla de alta definición mostraba los rostros de las dos personas que, junto a su esposo, constituían su ancla emocional: sus hermanos, Isabella y Charly.La videollamada era un ritual que intentaban mantener semanalmente, un espacio seguro donde los Rossi - Moretti –Lombardi, podían ser simplemente herman
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