Paolo reflexionó un momento y asintió, pensativo.—A partir de ahora te harás cargo del trabajo de Susan. Dile al departamento de relaciones públicas que manejen los rumores recientes sobre la empresa. Si es necesario, intervengan en los medios.—Entendido, jefe.Paolo asintió y encendió un cigarrillo.—Jefe, está fumando demasiado.Comentó Michel.—¿Quieres uno?Paolo le ofreció la cajetilla.Michel negó rápidamente con la mano.—Gracias, jefe, ya no fumo. Necesito estar despejado.—¿Despejado?Paolo rio por lo bajo, envuelto en el humo azulado.—Jefe, hay algo que me ha tenido intrigado... ¿quién es esa chica?Michel preguntó con cierta inquietud.—La dueña.Paolo enarcó una ceja y su cara tensa se relajó.Se volvió hacia Michel, que lo miraba sorprendido, y añadió con una sonrisa:—Es Cristi. Mi Cristi ha regresado.Michel se quedó inmóvil, con la mirada fija. Tardó unos segundos en reaccionar, y cuando lo hizo, sonrió con satisfacción. Aunque aún tenía dudas, no era momento de hac
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