321. CONTINUANDO
MINETTI: Después de gritarme, el abuelo se fue con James molesto. Sonreí al haber logrado mi objetivo; no es que de verdad sospechara de él. Estoy consciente de que jamás me haría algo como eso. Pero si no lo reto, no hubiera ido, lo conozco, confía en sus viejas amistades y ese doctor siempre lo ha atendido, es bueno, pero no como Rufo. Deseé que fuera esa enfermedad que decía Rufo y no lo otro, así no perdería la memoria, y podría vivir muchos años más conmigo. —¿Crees en verdad que sea eso que dijiste, Rufo? —preguntó, esperanzado. —Casi estoy seguro, Ale, siempre lo sospeché —contestó Rufo—. Pero con la examinación que le hice solo me falta confirmarlo mañana mismo. —¡Ojalá, mi amigo, sea eso! ¡Ojalá! —exclamé con alegría—. Gracias, mi hermano, muchas gracias. Ya veo por qué Dios me hizo parar aquel día para salvarte. —No me lo agradezcas, Ale —dijo Rufo, bajando la cabeza—. Por mí te convertiste en un asesino. —¿Cómo es eso, amor? —preguntó Lilian, levantando la cabeza
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