333. LA HORMONA DE LA FELICIDAD
MINETTI:Lilian se abrazó de mí, besándome apasionadamente, pero no dejé que lo profundizara. Porque con ese gesto, de nada me había servido todo mi esfuerzo; mi cuerpo reaccionó y volví a atraparla, besándola con desespero, mientras la estrechaba con ansias contra mi cuerpo. La voz de Rufo vino en mi auxilio.—¿Pueden dejarme a solas con Alessandro? Vayan a hacer eso que quiere Migue y después vayan para la casa; lo probaremos juntos —les pidió, para mi alivio, Rufo—. Promételo, Migue.—Te lo prometo, cariño —contestó Miguel, dándole un beso.Luego, tomando a Lilian de la mano y desprendiéndola de mí, que hasta ese momento permanecía abrazada a mi cuerpo, besando mi cuello. Ellos salieron de la mano, riendo felices, no sin antes que ella me diera un beso en los labios. Me dejé caer desesperado en un sillón.—Rufo, si esto sigue, no sé qué va a ser de mí —dije con sinceridad.—Siéntate, toma este vaso de agua fría —me pidió Rufo con serenidad—. Ya te explico lo que pasa con tu mujer y
Leer más