Saúl y Ángel subieron por unas escaleras de madera, su chirriante sonido les recordaba a cada paso los cambiantes caminos de la vida, la joven les indicó un cuarto provisto de dos camas, sobre ellas pulcras cobijas tendidas con esmero, los pisos toscos blanquecinos mostraban una meticulosa limpieza en medio de la carencia de comodidad.Una pequeña ventana daba a la plaza vacía, ahí el tiempo parecía detenido, solamente el chispeante ritmo del agua en sus subidas y bajadas indicaba que la vida seguía.Saúl se tumbó en la cama, los desniveles del colchón se clavaron en su espalda, Ángel hizo lo mismo, miró el techo que los cubría, las pequeñas rendijas de la cubierta dejaban pasar el viento frío, sin embargo Ángel llevado del cansancio se quedó dormido enseguida, Saúl pensaba en muchas cosas que aún le afligían, en la pared vio un mural que replicaba la “Mona Lisa” sus trazos opacos por el tiempo aún denotaban la habilidad del artista, en una esquina resaltaban dos letras I. S. Lo únic
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