Durante un minuto entero, nadie dijo nada.No porque no tuviéramos preguntas. Teníamos tantas que, si las hubiéramos pronunciado todas al mismo tiempo, probablemente habríamos terminado discutiendo sobre cuál debía responderse primero.Yo, por mi parte, tenía una pregunta bastante sencilla.—¿Por qué alguien se molestaría en advertirnos que no abramos una cámara si no hay nada dentro?Dorian desmontó y se acercó a Talia, que continuaba examinando la tela.—Porque hay algo dentro —respondió—. O porque quiere que creamos que lo hay.—Me encanta cómo siempre consigues que las dos posibilidades sean igual de desagradables.—Es un talento.Kael no participó en el intercambio. Observaba el bosque, atento a los árboles que rodeaban el sendero.—Soren, revisa el perímetro. Talia, busca otras marcas. Dorian, quiero que compares esta inscripción con las notas que encontramos en el archivo. Amelia...Se interrumpió y me miró.—¿Qué? —pregunté.—¿Cómo estás?Lo observé con incredulidad.—¿En seri
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