La nota permaneció sobre la mesa mucho después de que todos hubiéramos terminado de leerla.No era especialmente larga. Tampoco contenía una amenaza explícita, una orden o una advertencia que pudiéramos llevar ante el consejo y exigir que alguien nos explicara. Eran apenas unas palabras escritas con una letra que ya habíamos visto antes.No busques a Seraphine para preguntarle por qué no llegó. Pregúntale por qué decidió quedarse.La leí por tercera vez.Después, una cuarta.—Odio las notas misteriosas —murmuró Dorian, sentado frente a mí—. ¿Por qué nadie puede limitarse a escribir: «Hola, sé algo importante, ven a verme a tal lugar»?—Porque entonces sería demasiado fácil —respondió Talia.—No. Sería razonable.Soren soltó una risa breve, pero Maelis no sonrió. Tenía los dedos apoyados sobre el borde de la mesa y la mirada fija en el papel.Kael permanecía de pie junto a la ventana. Desde que habíamos recibido la nota, apenas había hablado. No parecía distraído, sino concentrado en a
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