—¿No es amor autentico y puro? —preguntó, como un niño de dos años que empieza a preguntar todo, incluso lo obvio—. ¿Qué es lo que siento yo por ti, Ann, si no es amor?Nos miramos, yo con una confusión que cada día se volvía más grande y abrumadora; y él, Dorian, con una mirada que desarmaba: dulce, embriagante, amable, reluciente, dedicada y sólida. ¿Era eso amor?La sangre en mis venas comenzó a sentirse demasiado caliente y no pude evitar recordar la forma en que ese hombre me había besado y acariciado solo horas atrás.—¿Por qué últimamente, desde que vives conmigo, soy tan feliz como nunca antes lo fui? —con su nariz acarició la mía—. ¿No es eso lo que provoca amar a alguien? Para mí, Anastasia, eres mi perfecta definición de felicidad. ¿No es suficiente explicación?Mis labios se separaron, pero no pude debatir ninguna de sus preguntas. Yo nunca me había enamorado así de fuerte, al menos no de la forma que él describía amarme. Sin embargo, tenía algo muy claro: lo ocurrido anoc
Leer más