Cuando juegas con genética, a veces la naturaleza cobra venganza.El grito desgarró el silencio de la madrugada como una hoja de cristal rompiéndose contra el suelo.Camila se despertó con el dolor—no gradualmente, no con advertencia—sino con la violencia súbita de algo fundamental quebrándose dentro de ella. Sus manos volaron al abdomen, encontrando la sábana empapada, tibia y viscosa contra sus dedos.Sangre.Demasiada sangre.No. No, no, no.—Alejandro. —Su voz salió quebrada, apenas un susurro estrangulado—. Alejandro.Él estaba a su lado en menos de un segundo, sus manos en sus hombros, sus ojos escaneando la escena con una lucidez brutal que solo el pánico absoluto podía generar.—¿Qué...? —Las palabras murieron en sus labios cuando vio la sangre. Su rostro palideció hasta un tono cer
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