La vida y la muerte danzan juntas, y a veces chocan en el mismo momento.El grito de Camila atravesó las paredes de la sala de partos del Hospital de Ginebra con la fuerza de algo primordial, algo que no podía contenerse ni controlarse. Don Ricardo Montes, de pie junto a la puerta con el teléfono pegado a su oreja, sintió cómo ese sonido le atravesaba el pecho con la precisión de una bala.—¿Alejandro? —La voz de Marcus Rivera llegaba entrecortada por la línea—. ¿Puedes oírme?Pero Don Ricardo no podía responder. Sus ojos estaban fijos en la puerta cerrada, en el espacio donde su nuera estaba trayendo una vida al mundo mientras su hijo volaba hacia una bomba que podría matarlo.Sesenta y dos años construyendo un imperio, pensó con una amargura que le supo a ceniza, y no puedo proteger a ninguno de los dos.Dentro de la sala de partos,
Leer más