Hay monstruos que matan con armas, y monstruos que matan con ciencia—los segundos son más aterradores.El vestíbulo de la fortaleza todavía hedía a explosivos cuando Elian atravesó el umbral, su arma apuntando a las sombras que se movían entre el humo. A su izquierda, Camila respiraba con dificultad, una mano sobre su abdomen aún sensible después del parto. A su derecha, Laurent avanzaba con la precisión de un depredador, cada músculo de su cuerpo tenso como alambre de acero.El silencio que siguió a la explosión era antinatural. Artificial.—Es una trampa —murmuró Elian, sus palabras apenas audibles sobre el zumbido de los sistemas de ventilación que intentaban despejar el aire.—Todo esto ha sido una trampa desde el principio —respondió Laurent, sin apartar la vista del corredor que se extendía frente a ellos&mdas
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