Cada familia tiene secretos enterrados; esta familia tiene cadáveres con historias.Marcus Donovan había visto muchas cosas en sus veinte años como investigador privado. Había destapado fraudes corporativos que movían millones, había rastreado herederos perdidos en tres continentes, había documentado infidelidades de magnates que creían estar por encima de cualquier escrutinio. Pero nunca, en toda su carrera, había encontrado un caso donde cada respuesta generara cinco preguntas más oscuras.El archivo que descansaba sobre su escritorio en el hotel donde se hospedaba desde hacía dos semanas parecía inocente: una carpeta manila desgastada con el número de expediente 2005-H-1847 escrito a mano en la esquina superior derecha. Dentro, veintitrés páginas que documentaban la muerte de Miguel Augusto Santillán Ruiz, veintitrés años, soltero, auditor interno de Montes Industries.Oficialmente, un robo que salió mal. Tres disparos en un callejón del centro financiero a l
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