Tamara despertó antes que el sol.
No fue un despertar brusco sino el tipo de ascenso gradual desde el sueño que ocurre cuando el cuerpo ha descansado de verdad por primera vez en semanas y no sabe exactamente qué hacer con esa novedad. La luz que se filtraba por las cortinas del salón era ese gris previo al amanecer que en Ginebra en enero tenía la calidad del acero pulido, fría y precisa y sin concesiones decorativas.
Tardó tres segundos en entender dónde estaba.
Tardó cuatro en entender que l