96. Bajo el fuego y el silencio.
Bajo el fuego del silencioNo supo qué lo movió primero: el instinto, la adrenalina, tal vez todos los años de experiencia que tenía en el servicio. Pero lo importante es que lo hizo. Lo consiguió. Saltó sobre Samuel, movido por un impulso repentino e instintivo. Todos sus años en el servicio lo habían convertido en un hombre altamente eficaz, rápido, que no tomaba más de una milésima de segundo en considerar una decisión y ejecutarla.Saltó hacia el frente, apoyando las manos en las caderas del científico mientras lo empujaba, alejándolo de la mira láser que le apuntaba directamente al corazón. Y entonces, solo un segundo después, cuando logró sacarlo de la trayectoria de la bala, el perdigón pasó rozando sus cabezas, golpeando la lápida detrás de ellos.Cayeron al suelo con brutalidad, porque al intentar sacarlo del rango de disparo lo había hecho con la fuerza suficiente para elevarlos un par de metros atrás. Cayeron sobre el césped, y la tierra del cementerio se les metió entre la
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