149. La novia de mi hijo
Mia y yo bajamos las escaleras despacio, con los dedos entrelazados, saboreando la calma a pesar de todo. Al llegar al último escalón, las voces animadas se mezclan con el aroma a comida casera que impregna toda la casa. Por un instante, me transporto años atrás, cuando estas reuniones eran algo habitual para mí. Al entrar en el salón, mi madre está sentada en el sofá, riendo con Magnolia, mi tía materna, y George, su marido. Su mirada se ilumina en cuanto nos ve. —¡Por fin! —exclama mi madre, abriendo los brazos—. Ya empezábamos a pensar que os habíais quedado dormidos. George se acerca, me da un apretón de manos firme y luego me envuelve en un abrazo. —Qué bueno verte, muchacho. Magnolia se pone de pie de un salto y suelta un suspiro teatral antes de acercarse a nosotros. —¡Dios mío, Ethan! Cinco años sin dar señales de vida y ¿crees que con una cena ya está todo arreglado? —Me toma la cara entre las manos y me atrae hacia un abrazo fuerte—. Me has hecho esperar demasiado.
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