156. Refugios no duran para siempre
En cuanto Lauren termina de hablar, sale corriendo por el pasillo. Intercambio una mirada rápida con mi padre, que me hace un gesto hacia la puerta, y seguimos sus pasos.Todo lo que me pasa por la cabeza es Mia y la posibilidad de que le haya pasado algo. Pero cuando llegamos al salón, la escena que me encuentro me hace frenar en seco.Lauren está literalmente empujando a Mia hacia el sofá. Mi novia, con los ojos como platos de la sorpresa, cae sentada, riéndose mientras intenta descifrar qué demonios le pasa por la cabeza a su cuñada.—¡Lauren! —exclamo, acercándome a toda prisa—. ¿Qué coño estás haciendo?Mi hermana se gira hacia mí con una sonrisa traviesa, sin rastro de la urgencia desesperada de hace un momento.—Ah, me sorprendisteis ahí dentro… —Suelta los hombros de Mia, que se endereza y se ajusta la blusa—. Tuve que improvisar.—¿Improvisar? —repito, mirando alternativamente a Lauren y a Mia, que parece tan descolocada como yo, aunque sigue riéndose.—¡Claro! Fui al despach
Leer más