••Narra Kiara••Al abrir los ojos, seguía en los brazos de mi madre, rodeada de su calor y su olor. Era agradable. No podía negar que tenía un gran apego hacía mi madre, más que la mayoría de las hijas, pero sería muy raro que no fuera así después de haber sobrevivido tantos años a mi padre… No, no era mi padre. A Federico. Aún no lograba acostumbrarme a esa realidad. Debería sentirme emocionada y tal vez si lo estaba, pero también me encontraba aterrada. Era como si la química en mi cerebro fuera alterada manualmente. Pero traté de no pensar en ello. No cuando estaba con mi madre. Era como volver al pasado, a la parte buena. Siempre estábamos juntas, jugábamos juntas, nos escondíamos juntas. Éramos inseparables. Me estrujé los ojos, siendo consciente de la luz que se filtraba por la ventana. Ya había amanecido. ¡Y se supone que yo estaba esperando que llegara Alexander, pero me quedé dormida! Al observar la habitación, me di cuenta de una imagen muy peculiar. En un extremo de la
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