POV ALEKSEY ROMANOV
Oscuridad.
No era el vacío pacífico del sueño, ni la tregua de la muerte. Era... una conciencia maldita, atrapada en la nada.
Intenté moverme, pero mis extremidades eran de plomo fundido. Intenté abrir los ojos, pero mis párpados estaban sellados con cemento. Intenté respirar profundo y el universo colapsó sobre mí.
Dolor.
Un dolor tan vasto que no tenía forma, ni inicio, ni final. Estaba en mis huesos, en mi piel, en el aire que se filtraba a la fuerza por mi garganta