El despertar días después no fue lento. Fue un estallido de conciencia, un regreso violento impulsado por la pura necesidad de sangre. Cuando abrí los ojos, la debilidad de la semana anterior se había transformado en una tensión eléctrica. Parpadeé varias veces, forzando a mis pupilas a enfocar el mundo borroso, y fruncí el ceño al reconocer las figuras de pie frente a mí.
Los gemelos.
Mis ojos se clavaron en Adrik. Empecé a buscar desesperadamente a mi alrededor, recorriendo las mesas de me