AiméeEl trayecto se hizo en silencio. Un silencio espeso, habitado, vibrante. Justin no me dirigió una sola palabra desde que salimos de la oficina. Simplemente tomó mi mano, como un cerrojo sobre mi voluntad, y me condujo hasta su coche. Una berlina negra, cristales tintados, cuero impecable. Todo en él respiraba control. Y yo, dentro de ese coche, era su secreto, su proyecto, su esclava voluntaria.No pregunté adónde me llevaba. No tenía derecho. Ni ganas. Bastaba una sola mirada suya para aniquilar mis propias voluntades. Mi corazón latía más fuerte con cada kilómetro devorado, cada curva que nos alejaba de la ciudad, de las reglas, de las miradas.El portón de la villa se abrió sin hacer ruido, revelando una propiedad lujosa, aislada, bañada por la luz cálida del crepúsculo. La casa, imponente, estaba escondida detrás de altos muros, lejos del mundo. Era un lugar hecho para las cosas que no deben verse. Un lugar para transgredir. Para poseer. Para devorar.Me hizo entrar sin deci
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