Llamé a la fábrica para avisar que ese día no iría. Ser el dueño tenía sus beneficios, a fin de cuentas... Según me dijo Lulú, Darren se había ido más temprano con Dalton. Y ese día ya no volvería. Así que teníamos toda la jornada para nosotros y de solo pensarlo me excitaba. Ella se había levantado, desnuda, para ir a buscar unas bebidas a la cocina. Poco después se asomó en la puerta y me sonrió, traía dos vasos. — Ven bebé, ya papi te extraña — le dije y la ayudé, tomando uno de los vasos, para que pudiera llegar a la cama. Tomé de un solo sorbo todo el contenido y dejé la copa en la mesa. Lulú había hecho lo mismo y luego automáticamente nos miramos, nuestros cuerpos se acercaron como atraidos por una fuerza invisible y nos besamos como dos amantes que se conocen desde hace mucho tiempo ya. Llevé mis manos a sus pechos turgentes y comencé a masajearlos, para luego llevar mi cabeza hacia allí. Besé y lamí. Chupé y succioné mientras escuchaba sus gemidos y sentía todo su cuerpo rozá
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