Los planos se desplegaron ante mí como un mapa del tesoro, solo que en lugar de marcar el camino hacia riquezas, estos revelaban todas las formas en que la muerte podía encontrarnos.Había pasado la noche en vela, observando cómo Clara se paseaba por el vestíbulo principal como un centinela solitario, sus pasos descalzos silenciosos contra el mármol frío. Cada sombra que se movía más allá de las ventanas la hacía tensarse, cada crujido de la madera antigua la hacía girar hacia el sonido con los músculos preparados para huir. No había dormido ni un minuto, y yo tampoco.Mientras ella montaba guardia, yo había explorado.La biblioteca de Adrian había resultado ser un tesoro de información que él jamás imaginó que una niña de once años podría descifrar. Entre los volúmenes de filosofía y las p
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